20160625

FESTIVIDAD DE SAN PABLO - "Jesucristo va detrás, lo alcanza ante las puertas de Damasco, y Pablo se da cuenta de quién le ha perseguido y quién le vence."

Cada cuatro años, ya lo sabemos: ¡las Olimpíadas!...

Pero, colocándonos ahora en la mente de San Pablo, queremos aprender sobre todo las enseñanzas que nos dan en orden a la vida cristiana. Sí, cristiana, como suena.
El Apóstol las vivió en su tiempo y de ellas sacó lecciones inolvidables. ¿De veras que San Pablo se metió en las Olimpíadas?... Ciertamente, las aprovechó para enseñar.
Unas Olimpíadas propias, se celebraban cada dos años en Corinto: eran los Juegos Ístmicos, que apasionaban a los corintios.
¿Qué hace entonces  Pablo  en sus cartas?... Toma las competiciones deportivas para enseñarnos lo que es la vida del cristiano:
-¡Corre como los atletas! ¡Entrénate antes como hacen ellos! ¡Lucha conforme al reglamento! ¡Conquista la corona de laurel! ¡No te canses y sigue hasta el fin!...
San Pablo recurre muchas veces a esta comparación tan bella y tan apasionante. Con frecuencia lo hace usando solamente una palabra deportiva, y se entiende lo demás.
Por ejemplo, cuando le escribe a su discípulo más querido: “Corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura” (1Tm 6,11)
O como cuando le escribe: “Conquista la vida eterna a la que has sido llamado” (1Tim. 6,12)
Las palabra “corre” y “conquista” lo dicen todo.
El pregonero gritaba en el estadio ante la multitud: -¡Timoteo ha quedado vencedor!... Y viene el premio: -¡Agarra la corona que te alarga Cristo como a vencedor, Timoteo!
Sin embargo, hay en  las cartas ocasiones en que Pablo explana la comparación. La más notable la tenemos en la carta precisamente a los de Corinto, y poniéndose como ejemplo él mismo, como si fuera uno de los atletas: “¿No saben que en las carreras del estadio todos corren, pero uno sólo se lleva el premio? ¡Corran ustedes de manera que lo consigan! “Los atletas se privan de todo; y eso, ¡por una corona corruptible!; nosotros en cambio lo hacemos por una incorruptible.
“Así, pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado” (1Co 9,24-27)
¡Qué párrafo tan magnífico! Soñando en una corona de laurel o de olivo, los atletas se imponían una vida austera a fin de ganarla y lucirla después en sus cabezas coronadas, con la admiración de todos:
-¡Ahí va el héroe! ¡Este es el mejor corredor de Grecia!...
¿Cuánto duraba incorrupta la corona, cuánto tiempo estaban las alabanzas en la boca de todos?...
Y para eso se imponían toda clase de sacrificios mientras duraban los entrenamientos. Ni la satisfacción del sexo se permitían, como atestigua el poeta pagano Horacio. ¡Nada, austeridad total!
Pablo saca la consecuencia: -¿Y nosotros, los cristianos?... No una corona de laurel, ni una medalla de oro, sino la vida eterna, ¡qué ya es decir!... Por sacrificios y deberes que imponga la vida cristiana, ¿qué son ante la gloria que espera a los triunfadores?...
Precioso, sencillamente. Pero en una ocasión Pablo se supera a sí mismo.
Es cuando a los de Filipos les narra su conversión. Jesucristo va detrás a aquel fariseo,  lo alcanza ante las puertas de Damasco, y Pablo se da cuenta de quién le ha perseguido y quién le vence.
Entonces, en vez de rendirse, Pablo va detrás de Jesucristo, diciéndose:
-¿Si? ¡Veremos a ver si gano o no!...
Se lanza detrás del que le ha dado alcance, y confiesa:
-No he atrapado todavía del todo a Jesucristo. Aún no soy perfecto. ¡Pero sigo adelante en mi carrera hasta alcanzarlo, igual que Cristo Jesús me alcanzó a mí! Sigo corriendo hacia la meta, al premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús (Flp 3,8-15)
Sublime lo de Pablo, que  entusiasma con esto de las Olimpíadas.
Y ese su discípulo que escribió la carta a los Hebreos, conocedor del pensamiento de su maestro, nos coloca a todos en el estadio.
En las gradas, como espectadores, están todos los que ya triunfaron: santos y santas innumerables, que entre gritos y aplausos van animando a todos desde el Cielo:
- ¡Corre! ¡Aprisa! ¡No te detengas! ¡Que ya falta poco!...
¡Para ti una medalla de oro! Y tú, ¡no te contentes con la de bronce!...
Para correr bien, quítate de encima todo lo que te estorbe, ¡sé valiente!...
¡Mira a Jesús que va delante de ti! Él no tuvo miedo ni a la cruz, y ya ves con qué medalla lo condecoró el Padre…
Esto significa ese párrafo entusiasmante: “También nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, por el gozo que se le proponía, soportó la cruz y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hbr 1,1-4)
Las Olimpíadas que contemplamos cada cuatro años en el televisor son bellas y estimulantes, es cierto. Pero están limitadas para pocos. Las Olimpíadas cristianas cuentan con atletas innumerables y magníficos, con un Dios que es espléndido en las medallas que reparte.
A cada uno le enseña la de oro, mientras le dice sonriendo:
-Es para ti. ¿La quieres?...
Texto: Radio Claret


20140610

JUNIO 2014 - CRONOGRAMA PARA HONRAR A SAN PABLO.

Preparemos el corazón para vivir como Movimiento el día de San Pablo, para eso, la Comisión F.E. (Formación y Espiritualidad) brindará charlas para profundizar y conocer más sobre nuestro Patrono, llevando su carisma a nuestro Estadio de pertenencia y lucha.


CHARLA - PERSONALIDAD Y CONVERSIÓN DE SAN PABLO




Agradecemos al Padre Lalo, asesor espiritual del movimiento en Tucumán,  quién será el encargado de transmitir esta charla a Palestra.




20140110

43 AÑOS, PALESTRA UN MOVIMIENTO CON IDENTIDAD - Desde el liderazgo del Padre Carrone al de Francisco.


Construir identidad… un desafío latente que nos proyecta en una sabía palanca al futuro. Palanca… una comunidad que utiliza su fortaleza, y leamos bien, digo fortaleza, no fuerza, para potenciar que otro y muchos otros se eleve tan alto como su propia identidad; su modo de hacer y de ser le permitan.
Palestra un movimiento con Identidad, llama la atención significativamente que mientras para el mundo la “identidad” surge de rasgos estándar, uniformes, únicos, Palestra, sustenta o sostiene su identidad en estos 43 años promoviendo la diversidad en la unidad. Se lo explica desde el misterio del pluralismo eclesial. 
Ni tan fácil, ni tan complicado, repensando nuestra historia un ritmo interior inexplicable, se fue trasformando en imágenes. Rostros de hermanos muy queridos; presencias vivas en el documento de identidad, en lo escrito y en lo que se sigue contado, en las raíces, en las anécdotas, en lo cambiante y en lo permanente. Vienen a la mente los cortes de pelo, los vaqueros, la música en los bailes del comedor infantil don Bosco y los periodos iniciadores en nuestra boscosa sede improvisada, el Parque Avellaneda y el Parque Guillermina. 
Es que, desde siempre Palestra impulsa Líderes y Dirigentes ambientales, comprometidos con la historia social, comunitaria, política, familiar, universitaria, personal, no importa el modo de expresarnos en cada época o década, importa que la esencia que nos une es Jesús El Señor.
Palestra es un movimiento cristocéntrico; Jesús el Señor resucitado es quien nos capta y convoca, es quien da sentido y sustento a cada letra del PEDAL. Es quien permite que esta línea del tiempo, a pesar de “muchas resistencias–problemas” perdure y se proyecte al futuro con la fortaleza de una palanca–lucha ligada, que nos mantiene en Movimiento. Palestra es un movimiento dinámico; una respuesta carismática con identidad propia) de una parte del cuerpo místico que es la Iglesia. 
Nuestra Línea del tiempo se construyó con eslabones que se integran y consolidan. Aquel Movimiento impulsado en Medellín nos llamaba a un compromiso social de liberación de todo el hombre y todos los hombres.

En Tucumán, nuestro fundador, el Padre José Carrone, se hacía joven con los jóvenes, adulto con los adultos y pobre con los pobres… para enseñarnos al estilo de San Pablo, a hacernos todo con todos. 
Hoy, en la época Francisco, el Papa que para muchos está haciendo una revolución, nos plantea algunos verbos claves en el servicio que la Iglesia debe prestar al mundo: discernir, acompañar, aprender, estar en búsqueda, consultar, curar, salir de sí y vivir en las fronteras y con los pobres. 
Estamos llamados, dice el papa, a ser creativos y generosos, animar siempre teniendo a Cristo en el centro. Podemos decir desde los testimonios personales y comunitarios de muchos hermanos que Palestra como Movimiento está actuando en la historia con una misión trasformadora. Su Mística de Comunión se expresa en el misterio comunitario del cual provenimos (Un Dios que es amor trinitario) Y su Mística de Acción es el dinamismo constante que nos impulsa a correr hacia la meta de acuerdo al reglamento, Cristo Camino. Correr unidos a la cabeza, Cristo Verdad y sustentados en el alimento conveniente la Eucaristía, Cristo vida.
Desde el fondo de esta amorosa historia miles de corazones laten para celebrar el amor de un Dios providencial en las distintas épocas y lugares. Felicidades Palestra, Dios bendice tu celebración en el Espíritu de acción. 
¿No saben que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, más uno lleva el premio? 
Corran de tal manera que lo obtengan. I Cor. 9-24
Graciela Salazar – PM 18

“SE AMA LO QUE SE CONOCE” - Artículos relacionados.
- PALESTRA TUCUMAN - Los comienzos del movimiento... (Álbum de fotos del Primer Motivador en Tucumán) 
- PADRE JOSÉ CARRONE – Fundador de Palestra en Tucumán: http://lidydir.blogspot.com.ar/search/label/Padre%20Carrone
- LINEA DEL TIEMPO PALESTRA – Resumen de partes de la historia: http://lidydir.blogspot.com.ar/2009/01/linea-del-tiempo-palestra-generado-por.html

20130701

LA ESPADA DE SAN PABLO – En la mayoría de las imágenes Pablo sostiene una espada, símbolo de su martirio.

COMO CORDEROS EN MEDIO DE LOBOS.
En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado Jesús envía a setenta y dos discípulos a la gran mies que es el mundo, invitándolos a rogar al Señor de la mies que no falten nunca obreros a su mies (cf. Lc 10, 1-3); pero no los envía con medios poderosos, sino “como corderos en medio de lobos” (v. 3), sin bolsa, ni alforja, ni sandalias (cf. v. 4).
San Juan Crisóstomo, en una de sus homilías, comenta: “Mientras seamos corderos, venceremos e, incluso si estamos rodeados por numerosos lobos, lograremos vencerlos. Pero si nos convertimos en lobos, seremos vencidos, porque estaremos privados de la ayuda del pastor” (Homilía 33, 1: PG 57, 389).
Los cristianos no deben nunca ceder a la tentación de convertirse en lobos entre los lobos; el reino de paz de Cristo no se extiende con el poder, con la fuerza, con la violencia, sino con la entrega de uno mismo, con el amor llevado al extremo, incluso hacia los enemigos. Jesús no vence al mundo con la fuerza de las armas, sino con la fuerza de la cruz, que es la verdadera garantía de la victoria.
Y para quien quiere ser discípulo del Señor, su enviado, esto tiene como consecuencia el estar preparado también a la pasión y al martirio, a perder la propia vida por él, para que en el mundo triunfen el bien, el amor, la paz. Esta es la condición para poder decir, entrando en cada realidad: “Paz a esta casa” (Lc 10, 5).
Pedro y Pablo en actitud de oración.

SAN PABLO Y LA ESPADA.
Delante de la basílica de San Pedro hay dos grandes estatuas de san Pedro y san Pablo, fácilmente identificables: san Pedro tiene en la mano las llaves, san Pablo en cambio sostiene una espada.
Quien no conoce la historia de este último podría pensar que se trata de un gran caudillo que guió grandes ejércitos y con la espada sometió pueblos y naciones, procurándose fama y riqueza con la sangre de los demás.
En cambio, es exactamente lo contrario: la espada que tiene entre las manos es el instrumento con el que mataron a Pablo, con el que sufrió el martirio y derramó su propia sangre. Su batalla no fue la de la violencia, de la guerra, sino la del martirio por Cristo.
Su única arma fue precisamente el anuncio de “Jesucristo, y este crucificado” (1 Co 2, 2). Su predicación no se basó en “persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu”.
“Esta misma lógica es válida también para nosotros, si queremos ser portadores del reino de paz anunciado por el profeta Zacarías y realizado por Cristo: debemos estar dispuestos a pagar en persona, a sufrir en primera persona la incomprensión, el rechazo, la persecución.
No es la espada del conquistador la que construye la paz, sino la espada de quien sufre, de quien sabe donar la propia vida”.
Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles 26 de octubre de 2011.

Imagen: Pedro y Pablo, en actitud de deisis (actitud de oración, de intercesión. Su dorso inclinado y las manos extendidas, indican a aquel a quien se dirige la oración), y junto con los símbolos de su martirio, es decir, la cruz invertida y la espada de la decapitación, precisamente para subrayar que indicaron a Cristo con toda su existencia.

Iglesia de San Hugo - Roma - Italia

20130629

CARISMAS DIVERSOS EN UN MISMO CUERPO - Unidad y pluralidad diversificada son de nuevo las dos características de la metáfora del cuerpo.

San Pablo se sirve, aunque de modo libre y original, de una metáfora que estaba ya presente en el mundo grecorromano, para poner de manifiesto la vida interna de la Iglesia y su relación fundante con el Señor. En ella los ministerios y los carismas se conceden a cada uno de los miembros para la edificación de toda la comunidad. De ahí que todos los miembros sean necesarios. Es una originalidad de Pablo entender la comunidad cristiana como un cuerpo, metáfora ya presente entonces en el mundo grecorromano para definir tanto la organización de una ciudad o de un estado como la organización del cosmos. Se sirve de ella de un modo libre para poner de manifiesto, por una parte las relaciones internas de la «sociedad» eclesial («Un solo cuerpo y muchos miembros») y por otra la relación fundante con el Señor («El cuerpo de Cristo», «un cuerpo en Cristo»).
El Apóstol habla del tema sobre todo en 1Cor 12 tratando de la «dotación» carismática de la comunidad cristiana, en concreto de la actuación de los carismas, dones de gracia funcionales para la vita Ecclesiae, cuando los creyentes de Corinto se reúnen «en asamblea» (en ekklesia-i, 1Cor 11,18). Inmediatamente precisa que es el mismo Espíritu el que reparte (diairoun) sus «dones de gracia» (charismata) entre todos los creyentes, sin excluir a ninguno, de modo que nadie puede decir que los posee todos y nadie puede desconsoladamente confesar estar totalmente privado de ellos. «Hay diversidad de dones espirituales (diaireseis charismatón), pero uno mismo es el Espíritu» (12,4).
Al mismo tiempo clarifica su finalidad social: «A cada cual se le da la manifestación del Espíritu para el bien común (pros to sympheron)» (12,7), es decir, para el crecimiento de la edificación (oikodomé) de la comunidad, como insistirá en el capítulo 14; cada uno de los creyentes es activado por el carisma del Espíritu. Sigue una lista de ejemplos: palabra de sabiduría, palabra de conocimiento, fe taumatúrgica, dones de gracia de curación, obrar milagros, profecía, capacidad para discernir los espíritus, diversas clases de lenguas, interpretación de las lenguas.

Todos los miembros son necesarios
En este punto (12,12ss) recurre Pablo a la metáfora del cuerpo humano del que subraya la unidad, «un solo cuerpo», y a la vez la pluralidad de miembros, no los unos sin los otros, a no ser que se niegue el organismo humano que no puede estar formado por un solo miembro o incluso cuando los miembros se reducen ad unum: «Si el pie dijese: ?Puesto que no soy mano, no formo parte del cuerpo?, no por eso deja de ser del cuerpo; y si el oído dijese: ?Como no soy ojo, no soy del cuerpo?, no por eso deja de ser del cuerpo. Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?» (12,15-17).
Lo que constituye un cuerpo es la pluralidad diversificada de los miembros (no sólo muchos miembros, sino muchos miembros diversos), los unos necesitados de los otros ?por tanto, complementariedad de los miembros?, todos igualmente necesarios para el bienestar del organismo, estando vigente en el cuerpo la ley natural de la mutua solidaridad en relación a la necesidad de unos u otros; es, en realidad, voluntad del creador que «todos los miembros se preocupen unos de otros» (12,25). Y, junto a la reciprocidad, la ley de la coparticipación de alegrías y sufrimientos: «Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; si un miembro recibe una atención especial, todos los miembros se alegran» (12,26).
Y este es el alcance metafórico del cuerpo: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo (sóma Christou) y cada uno es un miembro» (12,27). «Vosotros» son los creyentes de Corinto: «cuerpo de Cristo» se aplica a la comunidad local y en acto, o sea, reunida «en asamblea» (en ekklesia-i: 1Cor 11,18). Más que referirse al hebreo qahal, indicativo de las asambleas del pueblo de Dios, me parece que el apóstol se inspira aquí en el exemplum de la ekklesia-i de las ciudades griegas, cuando los ciudadanos (los politai, no todos los habitantes) se reunían para deliberar sobre la res publica; lo demuestra el valor local y «actual» de la ekklesia, pequeña comunidad del lugar reunida en asamblea. Análogamente puede decirse del grupo de cristianos de Corinto, o de Tesalónica o de las «Iglesias de Galacia».
Hay que resaltar que el nombre más común usado por Pablo para definir socialmente a los convertidos es precisamente ekklesia, asamblea en acto de los creyentes de uno u otro lugar. Sólo que aquí es Cristo el que la constituye; por eso usa el genitivo de especificación «cuerpo de Cristo», cuerpo social creado y perteneciente a él, y cuerpo social animado por el Espíritu (12,13): «Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo (eis hen soma). Y todos hemos bebido de un solo Espíritu»). Otros estudiosos, sin embargo, afirman que con la expresión «cuerpo de Cristo» el apóstol indica no el cuerpo social de los creyentes, sino el cuerpo personal de Cristo con el que la comunidad cristiana se identifica.
Por tanto, en el cuerpo eclesial Pablo menciona la presencia de una plural diversidad de carismáticos: ante todo los apóstoles, después los profetas, en tercer lugar los maestros (didaskaloi), después los milagros, el don de curar, la beneficencia, el gobierno (kyberneseis), la diversidad de lenguas y el don de interpretarlas (12,28). Los tres interrogativos retóricos conclusivos subrayan la necesaria plural diversidad, ya indicada a propósito del organismo humano: «¿Acaso son todos apóstoles?, ¿o todos son profetas?, ¿o todos maestros?, ¿o hacen todos milagros?, ¿tienen todos don para curar?, ¿hablan todos en lenguas o todos las interpretan?» (12,29-30). La respuesta sobreentendida es: no, sino que estos dones de gracia se reparten entre los diversos componentes de la comunidad.
Unidad y pluralidad
De la metáfora del cuerpo vuelve a hablar el Apóstol en la carta a los Romanos: «Así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros y no desempeñan todos los miembros la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo (hen soma en Christo-i), pero cada miembro está al servicio de los otros miembros. Los dones que poseemos son diferentes, según la gracia que se nos ha dado» (12,4-6ª). Unidad y pluralidad diversificada son de nuevo las dos características de la metáfora del cuerpo; igualmente la constitución cristológica del cuerpo eclesial es la misma: los creyentes forman un solo cuerpo ya que tienen en común el ser en Christo-i, la unión mística con él.
Sigue una lista de carismas que no concuerda por completo con la de 1Cor 12: la profecía o predicación, el servicio (diakonia), la enseñanza (didascalia), el don de exhortar (paraklesis), dar limosna, presidir (proistasthai), hacer obras de misericordia (eleein). Una referencia especial merece el carisma de «presidencia» o gobierno de la comunidad, que con otro nombre está documentado también en Cor 12; allí aparece efectivamente el carisma de la kybernesis (v. 28), literalmente gobernar una nave.
Pablo está muy lejos de oponer carisma a ministerio de gobierno, a responsabilidad eclesial, diríamos nosotros; para él, incluso el arte de «gobernar» a la comunidad es carisma, don de gracia del Espíritu Santo. Sin decir que por «carisma» no entiende esencialmente la expresión libre y espontánea del sujeto impulsado a actuar fuera de reglas y normas, hsino más bien un don de gracia funcional.
En la pluralidad diversificada de carismas, finalmente, Pablo en cierto modo ofrece una clasificación; en 1Cor 12,31, de hecho, exhorta a sus interlocutores: «Ambicionad los carismas mejores (ta charismata ta meizona)». Al principio del capítulo 14, retomando del tema de los carismas, desarrolla el motivo de la superioridad de uno sobre otro: «Aspirad a los dones espirituales (pneumalika: carismas estáticos), pero sobre todo al don de profecía» (14,1). El criterio jerárquico es de carácter funcional y a la vez eclesial: cuanto mayor es el carisma más provechoso para el crecimiento y la maduración de la comunidad. En 1Cor 14 Pablo pone en confrontación la «glosolalia», el típico carisma de palabra incomprensible «hablada» por un impelente impulso emotivo fuera de todo control de la mente, que va momentáneamente «de vacaciones», y la profecía, entendida aquí como palabra inspirada por el Espíritu y comprensible a todos los presentes en la asamblea. El que habla en lenguas extrañas «no habla a los hombres sino a Dios; de hecho, ninguno le entiende» (14,2); «Pero el que profetiza, habla a los hombres» y por tanto de modo comprensible (cf v. 9), «los forma (oikodome), los anima y los consuela. El que habla lenguas extrañas se edifica a sí mismo; el que profetiza lo hace en beneficio de la Iglesia» (14,3-4).
El Apóstol no duda en repetirse; es necesario rebatirlo: «Me gustaría que todos hablaseis en esas lenguas; pero prefiero que profeticéis; pues para la formación de la Iglesia es mejor profetizar que hablar en lenguas, a no ser que haya quien las interprete» (14,5). Y no duda en ponerse en juego a sí mismo: «Doy gracias a Dios de hablar en lenguas más que vosotros; pero prefiero hablar en la Iglesia (en ekklesia-i) cinco palabras con sentido, para instruir (katecheo) a los demás, que diez mil palabras en lenguas» (14,18-19). El valor de la palabra clara, de forma comprensible, consiste en el hecho de que puede involucrar y activar a los que escuchan contribuyendo (ophelein) de este modo a su maduración cristiana (14,6); sin comprensión no hay respuesta positiva a la palabra, no puede existir el amén participativo de la comunidad (14,16).

Contexto cultural
La confrontación con su contexto cultural resulta significativo para comprender mejor al Apóstol. Tito Livio nos atestigua que Menenio Agripa, para vencer la rebelión de los plebeyos contra la clase dominante, recurrió retóricamente al exemplum del organismo humano, en el que los miembros trabajan para el estómago, que parece que no hace nada, pero si dejan de funcionar, también el estómago «hace huelga», de modo que perece todo el cuerpo. De ello se sigue que la sedición es funesto para el Estado; por tanto las clases subalternas deben estar sometidas al Senado de la república, a los patricios (2,32,7-12). En resumen, la metáfora del cuerpo legitima el poder con la consiguiente dependencia de los súbditos. Pero esto está a mil kilómetros de distancia de la metáfora paulina, que habla de igualdad carismática de los miembros de la comunidad, igualmente dotados, por la gracia del Espíritu Santo, de capacidades constructivas de su crecimiento espiritual y recíprocamente solidarios. Por eso parece que sea posible afirmar ?como propone un estudioso alemán? que de ahí se deduce claramente una concepción democrática de la Iglesia local.


JOSÉ BARBAGLIO

20120726

A CORRER – Basta de excusas… a entrenar para el momento de esas “competencias” que tenemos en la vida…. familia, trabajo, estudio, noviazgo, matrimonio, bien común.


Cada cuatro años, ya lo sabemos: ¡las Olimpíadas!...

Pero, colocándonos ahora en la mente de San Pablo, queremos aprender sobre todo las enseñanzas que nos dan en orden a la vida cristiana. Sí, cristiana, como suena.
El Apóstol las vivió en su tiempo y de ellas sacó lecciones inolvidables. ¿De veras que San Pablo se metió en las Olimpíadas?... Ciertamente, las aprovechó para enseñar.
Unas Olimpíadas propias, se celebraban cada dos años en Corinto: eran los Juegos Ístmicos, que apasionaban a los corintios.
¿Qué hace entonces  Pablo  en sus cartas?... Toma las competiciones deportivas para enseñarnos lo que es la vida del cristiano:
-¡Corre como los atletas! ¡Entrénate antes como hacen ellos! ¡Lucha conforme al reglamento! ¡Conquista la corona de laurel! ¡No te canses y sigue hasta el fin!...
San Pablo recurre muchas veces a esta comparación tan bella y tan apasionante. Con frecuencia lo hace usando solamente una palabra deportiva, y se entiende lo demás.
Por ejemplo, cuando le escribe a su discípulo más querido: “Corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura” (1Tm 6,11)
O como cuando le escribe: “Conquista la vida eterna a la que has sido llamado” (1Tim. 6,12)
Las palabra “corre” y “conquista” lo dicen todo.
El pregonero gritaba en el estadio ante la multitud: -¡Timoteo ha quedado vencedor!... Y viene el premio: -¡Agarra la corona que te alarga Cristo como a vencedor, Timoteo!
Sin embargo, hay en  las cartas ocasiones en que Pablo explana la comparación. La más notable la tenemos en la carta precisamente a los de Corinto, y poniéndose como ejemplo él mismo, como si fuera uno de los atletas: “¿No saben que en las carreras del estadio todos corren, pero uno sólo se lleva el premio? ¡Corran ustedes de manera que lo consigan! “Los atletas se privan de todo; y eso, ¡por una corona corruptible!; nosotros en cambio lo hacemos por una incorruptible.
“Así, pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado” (1Co 9,24-27)
¡Qué párrafo tan magnífico! Soñando en una corona de laurel o de olivo, los atletas se imponían una vida austera a fin de ganarla y lucirla después en sus cabezas coronadas, con la admiración de todos:
-¡Ahí va el héroe! ¡Este es el mejor corredor de Grecia!...
¿Cuánto duraba incorrupta la corona, cuánto tiempo estaban las alabanzas en la boca de todos?...
Y para eso se imponían toda clase de sacrificios mientras duraban los entrenamientos. Ni la satisfacción del sexo se permitían, como atestigua el poeta pagano Horacio. ¡Nada, austeridad total!
Pablo saca la consecuencia: -¿Y nosotros, los cristianos?... No una corona de laurel, ni una medalla de oro, sino la vida eterna, ¡qué ya es decir!... Por sacrificios y deberes que imponga la vida cristiana, ¿qué son ante la gloria que espera a los triunfadores?...
Precioso, sencillamente. Pero en una ocasión Pablo se supera a sí mismo.
Es cuando a los de Filipos les narra su conversión. Jesucristo va detrás a aquel fariseo,  lo alcanza ante las puertas de Damasco, y Pablo se da cuenta de quién le ha perseguido y quién le vence.
Entonces, en vez de rendirse, Pablo va detrás de Jesucristo, diciéndose:
-¿Si? ¡Veremos a ver si gano o no!...
Se lanza detrás del que le ha dado alcance, y confiesa:
-No he atrapado todavía del todo a Jesucristo. Aún no soy perfecto. ¡Pero sigo adelante en mi carrera hasta alcanzarlo, igual que Cristo Jesús me alcanzó a mí! Sigo corriendo hacia la meta, al premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús (Flp 3,8-15)
Sublime lo de Pablo, que  entusiasma con esto de las Olimpíadas.
Y ese su discípulo que escribió la carta a los Hebreos, conocedor del pensamiento de su maestro, nos coloca a todos en el estadio.
En las gradas, como espectadores, están todos los que ya triunfaron: santos y santas innumerables, que entre gritos y aplausos van animando a todos desde el Cielo:
- ¡Corre! ¡Aprisa! ¡No te detengas! ¡Que ya falta poco!...
¡Para ti una medalla de oro! Y tú, ¡no te contentes con la de bronce!...
Para correr bien, quítate de encima todo lo que te estorbe, ¡sé valiente!...
¡Mira a Jesús que va delante de ti! Él no tuvo miedo ni a la cruz, y ya ves con qué medalla lo condecoró el Padre…
Esto significa ese párrafo entusiasmante: “También nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, por el gozo que se le proponía, soportó la cruz y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hbr 1,1-4)
Las Olimpíadas que contemplamos cada cuatro años en el televisor son bellas y estimulantes, es cierto. Pero están limitadas para pocos. Las Olimpíadas cristianas cuentan con atletas innumerables y magníficos, con un Dios que es espléndido en las medallas que reparte.
A cada uno le enseña la de oro, mientras le dice sonriendo:
-Es para ti. ¿La quieres?...
Radio Claret

20120628

AMIGO SAULO DE TARSO - La audacia de fe de Pablo ha de ser hoy un estímulo para todos, una especie de aguijón que espolee nuestro ánimo.


Aquel joven (lo era en tiempos de su conversión) que después de perseguir por motivos de conciencia a aquellas incipientes comunidades cristianas, por considerar que así servía mejor a Dios, tuvo su momento de gracia al encontrarse cara a cara con aquel a quien perseguía.
No me cabe la menor duda de que a Pablo le debemos mucho los cristianos, y no sólo porque él fuese, en buena medida, el primer gran teólogo, ni siquiera porque nos legase sus cartas a través de la cuales conocemos parte de sus peripecias y cómo se articulaban aquellas primeras comunidades de hermanos y hermanas en Cristo.
Sino sobre todo por él mismo, por su testimonio de fe, por su grandeza de alma, por su entrega incondicional al Señor de la vida.
La conversión de Pablo es en cierto modo la representación gráfica de nuestra conversión, de la necesidad de "caer del caballo" de nuestro egoísmo, de nuestros miedos, de nuestros prejuicios, de nuestra fe interesada, para abrirnos, a velas desplegadas, al don del amor de Dios.
La conversión implica un cambio o giro copernicano, radical, esencial. La conversión es un estímulo constante para que no nos postremos en el lecho de una fe sin compromiso, para que no nos estanquemos en nuestro crecimiento interior.
Por eso recordar a nuestro amigo Pablo, es más que alabar a Dios a través de uno de sus y comprometidos testigos, es recordar que es posible salir de la oscuridad de la noche para acercarnos al resplandor de Dios, aunque por unos instantes nos ciegue su luz.
La audacia de fe de Pablo ha de ser hoy un estímulo para la Iglesia entera, una especie de aguijón que espoleé nuestro ánimo y nos haga abrir nuevos horizontes de paz y esperanza para la Humanidad.
Suyas son las palabras dirigidas a los miembros de la comunidad de Filipos que ahora también son nuestras: “Mi alegría como creyente ha sido grande al ver renacer su interés por mí. De hecho lo tenían, pero no habían tenido ocasión de manifestarlo. Y no les digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a arreglármelas en cualquier situación.
Sé pasar estrecheces y vivir en la abundancia. A todas y cada una de estas cosas estoy acostumbrado: a la abundancia y al hambre, a que me sobre y a que me falte. De todo me siento capaz, pues Cristo me da la fuerza. Sin embrago, han tenido un hermoso gesto al solidarizarse conmigo en la tribulación” (Flp 4, 10-14).
El “hermoso gesto”, Saulo, lo has tenido con nosotros al habernos transmitido tu fe, la que te ha hecho vencer la ferocidad de tu lobo interior para convertirte en cordero manso al servicio de la causa del bien. Ayúdanos a pasar de la noche de la violencia y la intolerancia a la luz de la paz y el amor.
Francisco Castro Miramontes

20120529

SE AMA LO QUE SE CONOCE – Respuestas a las preguntas formuladas en el Boletín 11.


Fuente: sacado del Boletín InfoPalestra gráfico número 11 de mayo del 2012. 
Sirve para refrescar lo que sabemos, para pensar, profundizar y asumir posiciones de responsabilidad para seguir en movimiento.

01.- Cómo se llama el sacerdote que trajo el Movimiento a Tucumán.
Respuesta: Pbro. José Alfredo Carrone.  Sacerdote salesiano.
02.- Cuáles son los objetivos 2011 – 2016 de Palestra Tucumán que van en concordancia con el PAP (Plan Arquidiocesano de Pastoral).
Respuesta: Son 5 desafíos que nos proponemos cumplir, basados en los propuestos desde el Plan Arquidiocesano de Pastoral 2001-2016 (PAP), dejando en claro que dada la amplitud de cada desafío pastoral, en los años próximos se debe seguir trabajando basados en estos para dar continuidad, acompañar y adherirnos a la Arquidiócesis.
Desafíos completos en;
03.- Palestra Tucumán tiene 2 Blog en internet, como se llama el segundo, tiene que ver con la historia del movimiento en Tucumán, material sobre San Pablo, técnicas…
Respuesta: El Blog se llama DIRIGENTES PAULINOS y pueden conocerlo entrando a este vínculo:  http://lidydir.blogspot.com.ar/ 
04.- Cual es el Objetivo General de Palestra Tucumán para este año.
Respuesta: Objetivo general 2012: “Consolidar en el Movimiento la comunión misionera desde la mística social de Palestra, fortaleciendo una espiritualidad de fe renovada y una formación dirigencial para la acción, al estilo de san Pablo.”
05.- Cuantos Motivadores vamos realizando en Tucumán, tanto en la Etapa Adolescentes, Etapa Jóvenes, Etapa Jóvenes Adultos y Etapa Adultos.
Respuesta: 200 Motivadores desde el primero en el año 1971 (7 al 10 de enero – Casa de Belén).
- Etapa Jóvenes: 82 Varones y 81 Mujeres.
- Etapa Adolescentes: 14 Varones y 6 Mujeres.
(Menores en situación de riesgo o menores con causa o sin ella en la justicia, tomando como base el apostolado secundario de la Comunidad Filemón en 3 Institutos de Menores de Tucumán).
- Etapa Jóvenes Adultos y Etapa Adultos: 9 Varones y 8 Mujeres.
06.- Cómo se llama el Coordinador de Etapa Adolescentes.
Respuesta: Pablo Martín Frías Giménez (PM 68 -  integrante de la Comunidad Nuevo Pentecostés)
07.- Qué lugares misionó la Comunidad Saulo, nombre por lo menos 3.
Respuesta: Entre otros Alderetes, El Cadillal (Vallecito), Vipos, Tapia, Alta Gracia, Las Cañitas.
08.- Específicamente, cuales son los objetivos 2012 para las Etapas; Adolescentes, Jóvenes y Adultos.
Respuesta: Objetivos por etapas:
- Etapa adolescente: Consolidar la etapa acompañando los procesos de discernimiento y brindando herramientas para su fortalecimiento.
- Etapa jóvenes: Profundizar en las comunidades el interés por el otro, fomentando la evangelización misionera, permanente y sistemática que promueva un camino comunitario de santidad.
- Etapa jóvenes adultos y Etapa adultos: Profundizar los procesos que iniciaron en su juventud para formarse como adultos en la fe y asumir un compromiso social más allá del rol de asesores o asistentes.
09.- Sobre qué trata el capítulo 5 del Documento de Identidad de Palestra.
Respuesta: PALESTRA COMO PROCESO EDUCATIVO.  Y trata de los Lineamientos Generales, además complementado con material propio del Secretariado de Tucumán, como la Carpeta de la Comisión de Proceso Educativo.
10.- Qué dice el Doc. de Identidad sobre Líder y Dirigente.
Respuesta: En el capítulo 2 (Fundamentación teológica), en la parte 3: MISIÓN DE PALESTRA, sobre 9 puntos que explicitan lo de Líder y Dirigente, muy conocidas por los Palestristas, resaltamos lo que dice el apartado e) “Así pues, el líder y dirigente evangélico, tal como lo comprendemos, no es un miembro perteneciente a un grupo cerrado de escogidos, sino que está puesto por Dios en el mundo para el servicio de los hombres y le exige una especial solidaridad, que se expresa en una viva voluntad de sacrificio que le haga poner toda su vida al servicio del hermano, e implica también un contacto inteligente y constante con la realidad, de tal modo que su forma de ser resulte una manera especial de presencia en el mundo, más bien que una segregación de él. Con espíritu de humildad y de pobreza, antes de enseñar debe aprender, “haciéndose todo a todos para llevarlos a Cristo.” (1ra. Cor. 9, 22)
11.- Qué es el En.Na.Di. Año y lugar de la próxima convocatoria nacional.
Respuesta: “EnNaDi, se le llama así al Encuentro Nacional de Dirigentes, se lo realiza en el 2013 en Jujuy.
Es el número 6 desde el primero realizado en Santa Fe en el año 1981, el segundo en Salta 1985, el tercero en Jujuy 1996, el cuarto en Tucumán 2004, el quinto en Catamarca 2007 y el quinto en Salta 2010.
El Documento de Identidad dice en el capítulo 7, referido a Convocatorias Nacionales: Periodicidad: “Se realizará cuando el Secretariado Nacional lo considere necesario con un intervalo no mayor a 3 años”. Conviene aclarar que los Encuentros son para dirigentes adolescentes, jóvenes y adultos. Es una de las tres Convocatorias Nacionales que figuran en el Documento de Identidad, distinto al ENPA (Encuentro Nacional de Palestristas Adultos), creado por el Secretariado Nacional por circunstancias particulares y atento a los signos de los tiempos y necesidades propias de Palestra.  
12.- Que acontecimiento Palestrista sucedió el 13 de mayo.
Respuesta: Se toma como el día de la fundación de Palestra en el año 1961 en Venezuela.
Leer más en:

Comunicación:  infopalestra.tucuman@gmail.com

20120125

- PABLO Y NOSOTROS – Valorar su vocación y pensar luego en la cantidad de veces que podemos experimentar a Jesús resucitado en nuestra vida.

Siempre nos han resultado lejanos y misteriosos los personajes bíblicos, precisamente porque aparecen viviendo experiencias extrañas y especialísimas, que ningún cristiano normal vive hoy en día.
También Pablo, en cierto momento de su vida, experimentó un encuentro íntimo y especial con Jesús, que lo llevó a abandonar todo y a centrar su existencia únicamente en Cristo Resucitado.
Fue una experiencia interior inefable, imposible de contar con palabras. Pero el autor bíblico la describe adornada con voces divinas, luces celestiales, caídas estrepitosas, ceguera, para exponer de algún modo lo que nadie es capaz de comunicar.
En realidad la experiencia paulina fue semejante a la de muchos de nosotros. Seguramente nuestra propia vocación cristiana fue también un encuentro grandioso con Jesús resucitado. Pero no oímos voces extrañas, ni vimos luces maravillosas. Y por eso no la solemos valorar. Y muchas veces languidece anémica en algún rincón de nuestra vida diaria.
Por eso hace bien reconocer que tampoco Pablo vio nada de aquello. Que no nos lleva ventaja alguna. Recordarlo, y pensar luego en la cantidad de veces que podemos experimentar a Jesús resucitado en nuestra vida, puede ser la ocasión para animarnos a hacer cosas mayores que las que hacemos ordinariamente. Como las que hizo Pablo.
Que este año sea un tiempo de redescubrir nuestra vocación Paulina para evangelizar más y mejor, para adentrarnos en la realidad con un espíritu coherente con nuestra vocación y el espíritu del Resucitado. 

20100622

PABLO: ¿QUÉ SE SABE SOBRE SU VIDA? (Segunda Parte)

Alarmante Biografía.
Imaginemos a un hombre que durante su juventud estuvo lleno de odio y violencia. Que vivió apegado al tradicionalismo oficialista, intolerante y persecutorio. Que luego cambió radicalmente y se unió a una secta disidente. Entonces y como parte de ella, estuvo preso en varias oportunidades, tanto en su país como en otras naciones. Fue condenado al menos ocho veces a distintos tipos de penas por las autoridades judiciales. Padeció conflictos con los dirigentes de su nuevo grupo y sostuvo duras disputas por cuestiones de liderazgo y reconocimiento.
Las multitudes que lo escucharon estuvieron a punto de apedrearlo varias veces y al menos una vez lo lograron. En diversas ocasiones debió huir en secreto, buscado por las autoridades. Tres veces estuvo condenado a muerte. Una de ellas pudo escapar de noche con la ayuda de unos amigos. La otra vez, posiblemente fue liberado, gracias a la intervención de un matrimonio amigo luego de una ardua lucha. La tercera le costó la vida.
No parece la biografía de un inocente y disciplinado ciudadano, ni la de un intelectual de biblioteca. Más bien suena a la del jefe de una poderosa banda de delincuentes, o a la de un activista político sumamente peligroso. Sin embargo se trata de la descripción de San Pablo, y con datos extraídos de sus propias cartas.

Las fuentes sobre su vida.
De ningún otro personaje bíblico hay una información tan amplia y directa en las Sagradas Escrituras. Ni siquiera de Jesús, ni de los apóstoles más famosos (como Pedro, Santiago y Juan), tenemos datos tan completos.
Esto se debe a dos escritos importantes del N. Testamento:
a) Los Hechos de los Apóstoles, un extenso libro escrito por San Lucas y centrado casi completamente en la figura de Pablo;
b) Una colección de cartas escritas por el mismo Pablo. Por eso, muchos piensan que es fácil conocer la vida de este apóstol.
Sin embargo, si hacemos un estudio más cuidadoso de estos documentos vemos que las cosas se complican. Primero, porque de las 13 cartas atribuidas a Pablo en la Biblia, sólo 7 son hoy aceptadas como auténticas. Y segundo, porque el Libro de Los Hechos, que tan detalladamente habla sobre Pablo, contradice en muchas cosas a sus cartas. Lo cual nos muestra que Lucas, autor de Los Hechos, no conocía muy bien la vida de este apóstol.
Basta como ejemplo notar que en su obra no menciona ni una sola vez que Pablo haya escrito cartas a ninguna Iglesia.
Por qué, entonces, Lucas habla tan minuciosamente sobre Pablo en los Hechos, si no lo conocía muy bien? Es que Lucas no pretendió narrar en su libro la “biografía” de Pablo, sino mostrar cómo gracias a el, la palabra de Dios logró extenderse por todo el mundo antiguo hasta llegar a Roma; aunque los datos históricos con los que contaba no eran demasiado exactos.
No todo lo que es cierto para la fe, lo es también para la historia. Por eso, cuando Los Hechos contradice a las cartas, hay que darles credibilidad a éstas, que proceden directamente de Pablo.
Hecha esta salvedad, veamos qué podemos sacar en claro de esta extraordinaria figura del cristianismo primitivo.
Sus tres nombres.
El Nuevo Testamento le atribuye tres nombres: Saúl, Saulo y Pablo.
El primero, Saúl, es de origen hebreo, y solo aparece en los relatos de su conversión (Hch 9, 4; 22, 7; 26, 14) Éste era posiblemente su verdadero nombre. Quizás sus padres lo llamaron así en homenaje a Saúl, el primer rey de Israel, que pertenecía a la tribu de Benjamín igual que Pablo (Flp 3, 5).
El segundo nombre, Saulo, es el mismo que Saúl, pero en griego. Como el apóstol se movía en medio de gente que hablaba griego, es lógico que le tradujeran su nombre y en vez de Saúl le dijeran Saulo. (Como si nosotros, a alguien que en inglés se llama Charles, le dijéramos Carlos). Así se lo llama en la primera parte de Los Hechos, hasta el capítulo 13.
El tercer nombre, Pablo, es el que aparece siempre en las cartas, y también en Los Hechos, a partir del capítulo 13. ¿Por qué Saulo se cambió el nombre y se puso Pablo? No lo sabemos. Es probable que al comenzar a predicar en el mundo griego, se diera cuenta de que a la gente le sonaba mal su nombre (pues en griego el adjetivo “saulos”, se aplicaba a los individuos afeminados) y prefirió ponerse Pablo, que era de origen latino.
Para no vivir sin trabajar.
¿Qué oficio tenía Pablo? En sus cartas dice que hacia trabajos manuales, sin aclarar cuales. Pero por los Hechos (18, 2-3) sabemos que era fabricante de tiendas. Lo cual no es extraño, ya que Tarso (la ciudad donde había nacido) era famosa por la fábrica del “cilicio”, una tela fuerte hecha de pelo de cabra, paras las tiendas de los nómades.
Al convertirse y hacerse predicador hubiera podido prescindir de su profesión, ya que en aquel tiempo era común que los predicadores vivieran de las colectas de la gente, o de familias pudientes, que los mantenían. Pero Pablo dice en sus cartas que nunca quiso hacer uso de este derecho (1 Cor 9, 14-15), y que jamás recibió dinero por predicar (1 Cor 9, 17-18), porque no quiso ser una carga para nadie (2 Cor 11, 9). Por eso siguió ganándose la vida como fabricante de tiendas.
Semejante esfuerzo de predicar y trabajar lo dejaba extenuado. El mismo lo cuenta en una carta: Nos agotamos trabajando con nuestras manos (1 Cor 4, 12). Aun así, el dinero que ganaba era poco y no le alcanzaba. Tuvo, pues,. Que trabajar doble jornada (1 Tes 2, 9) y hacer horas extras para pode comer (2 Cor 6, 5). Pero aun trabajando de noche pasaba necesidad (2 Cor 11, 27). No siempre podía comprar comida ni ropa (1 Cor 4. 11), debió soportar el hambre y la desnudez (2 Cor 111, 27) y llegó a vivir como un pordiosero (2 Cor 6, 10).
No obstante todas sus penurias, jamás descuidó el servicio a las iglesias. Resulta conmovedor su testimonio: Debí afrontar trabajos y fatigas. Pasé muchas noches sin dormir, Sufrí hambre y sed. Estuve muchos días sin comer. Padecí frío. Anduve casi desnudo. Y además de todo esto, mi aflicción diaria: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién sufre escándalo, sin que me desespere yo? (2 Cor 11. 27-29).
La misteriosa enfermedad
Por sus cartas sabemos que Pablo padecía una rara enfermedad que lo atormentaba y lo obligaba a reducir el ritmo de su trabajo. Y aunque le pidió a Dios varias veces que lo sanara para poder desarrollar mejor su labor apostólica nunca pudo librarse de ella. La describe así: Para que no sea engreído, se me dio un aguijón en mi carne: un ángel de Satanás me abofetea. Tres veces le pedí al Señor que lo quite. Pero el me contestó; “Te basta mi gracia, pues mi fuerza se muestra perfecta en la debilidad” (2 Cor 12, 7-9)
¿Cuál era la enfermedad que sufría Pablo? Aunque resulta difícil hacer un diagnostico a la distancia, tenemos algunas pistas.
El hecho de que la llame un aguijón en la carne hace suponer que no se trataba de una enfermedad grave, sino más bien de algo molesto que le causaba un fastidio constante. Ahora bien, por otra carta suya sabemos que durante su segundo viaje al Asia Menor una enfermedad lo obligó a detenerse en Galacia, oportunidad que aprovecho para evangelizar la región. Y añade: A pesar de la prueba que significaba para ustedes i cuerpo, no me despreciaron ni rechazaron, sino que me recibieron como a un ángel de Dios. Yo mismo recuerdo que querían arrancarse los ojos, si hubiera sido posible, para dármelos. (Gal 4, 13-1º5)
Por el hecho de que los gálatas querían “arrancarse los ojos” para dárselos a Pablo, podemos pensar que se trataba de una enfermedad de la vista. Esto nos recuerda que también el libro de Los Hechos, aunque usando un lenguaje simbólico, dice que con motivo de su conversión Pablo sufrió un enceguecimiento, que quizá lo acompaño por el resto de su vida. Y las duras condiciones en que luego tuvo que trabajar como cosedor de tiendas, debieron de contribuir a agravar este cuadro.
Esta discapacidad que afectaba a Pablo explicaría las grandes letras con las que se veía obligado a escribir (Gal 6, 11), el hecho de que siempre necesitaba de algún secretario para redactar sus cartas (1 Cor 16, 21; Rom 16, 22), y la continua necesidad gente alrededor suyo que lo ayudara en sus misiones.
Era Pablo perseguidor?
El rasgo más conocido de Pablo es el de haber sido, antes de convertirse, perseguidor de los cristianos. El mismo lo afirma tres veces en sus cartas (Gal 1, 13; 1 Cor 15, 9; Flp 3, 6). Pero no añade nada más.
En cambio en Los Hechos, aumenta enormemente esta información. Dice que los perseguía a muerte (22, 4), que empleaba todos los medios (26, 9), que entraba casa por casa, sacaba a hombres y mujeres y los arrastraba a la cárcel (8, 3), que los llevaba encadenados (22, 4), que los torturaba y obligaba a blasfemar (26, 11ª), que los perseguía con odio hasta en ciudades extranjeras (26, 11b) y que votaba favorablemente cuando se los condenaba a muerte (26, 10).
Todas ampliaciones son una exageración de Lucas. Ciertamente Pablo combatió a los cristianos, pero no con la saña contada en Los Hechos. Como el libro relata su impresionante conversión camino a Damasco, seguramente el autor pensó que una “gran” conversión debía estar precedida por una “gran” persecución. Por eso abulta a propósito los datos, que no corresponden a la realidad.
También se lee en Los Hechos que pablo persiguió a los cristianos en Jerusalén. Lo cual no puede ser verdad, ya que el mismo apóstol sostiene que cuando viajó a Jerusalén luego de convertirse, las iglesias de Judea no me conocían personalmente (Gal 1, 22). Si Pablo hubiera hostigado a los cristianos de Jerusalén, ¿cómo es posible que no lo conocieran en esa ciudad? Debemos, pues, deducir que persiguió a los cristianos en alguna otra parte, no en Jerusalén. Y por eso tampoco pudo haber participado de la muerte de Esteban, el primer mártir cristiano, como sostiene Los Hechos (7, 58).
¿Dónde se convirtió?
Según Los Hechos, Pablo se convirtió en mitad de un viaje a Damasco, cuando iba desde Jerusalén con una autorización del Sumo Sacerdote para tomar prisioneros a los cristianos y llevarlos a Jerusalén.
Pero este viaje resulta muy discutible, En primer lugar, porque vimos que Pablo no vivía en Jerusalén, ni perseguía allí a los cristianos. En segundo lugar, porque Damasco pertenecía a otra provincia romana (Siria). ¿Cómo podían las autoridades de la provincia de Judea tener jurisdicción sobre aquella? En tercer lugar, porque las sinagogas de cada ciudad eran independientes y decidían libremente sobre la suerte de los delincuentes (según 2 Cor 11, 24) ¿Cómo el Sumo Sacerdote de Jerusalén iba a dar autorización para apresar gente de Damasco? Todo esto indica que el viaje de Pablo a Damasco no tiene ningún fundamente histórico.
¿Donde se convirtió entonces Pablo? Por sus cartas podemos deducir que en la ciudad misma de Damasco, donde se hallaba viviendo. En efecto, Gal 1, 17, dice que después de su conversión (que no aclara donde ocurrió) viajó a Arabia, y que luego regresó a Damasco. Si “regresó” a Damasco, es porque allí vivía cuando se convirtió.
¿Y porque Pablo, que oriundo de Tarso, se había radicado de joven en Damasco? Porque al ser ésta una ciudad completamente rodeada por el desierto, era lógico que se necesitaran allí más que en otras partes las tiendas de campaña que el y su familia fabricaban. Por lo tanto, fue mientras estaba radicado en Damasco por razones laborales cuando Pablo conoció a la nueva “secta” cristiana; fue allí donde la persiguió; y fue allí donde, por una experiencia extraordinaria, se convirtió. Por lo tanto, su conversión tuvo lugar “en” Damasco, no “camino a” Damasco.
La prohibición de comer carne
El libro de Los Hechos afirma también que Pablo participó de la famosa asamblea de Jerusalén. ¿Qué fue esta asamblea? Cuando pablo se hallaba evangelizando en Antioquía (otra ciudad de Siria), llegaron algunos cristianos tradicionalistas de Jerusalén y se escandalizaron al ver que los creyentes de Antioquía no se circuncidaban (algo considerado esencial para ser un buen cristiano en aquellos primeros tiempos). Pablo les explicó que, según el entendía, la circuncisión no era necesaria. Pero los recién llegados lo denunciaron en Jerusalén, y estalló un grave incidente entre ambos grupos, que terminó con la convocatoria a una reunión en Jerusalén, tradicionalmente llamada el “Concilio de Jerusalén”. Y a ella asistió Pablo como delegado de Antioquía (Hech 15, 1-2).
En esa reunión (siempre, según Los Hechos), Pablo trató de convencer a las autoridades de Jerusalén de que no les impusieran prácticas judías a los cristianos. Y aunque no lo logró del todo, se llegó a un acuerdo: mediante un decreto se estableció que los cristianos convertidos solo debían cumplir cuatro leyes:
a) No comer carne sacrificada a los ídolos; b) no casarse entre parientes; c) no comer carne sin desangrar; d) no comer nada con sangre. Luego, los participantes del Concilio le pidieron al mismo Pablo que se encargara de difundir este decreto (Hech 15, 13-29).
¿Asistió Pablo al Concilio?
Ahora bien, aunque Pablo participó de esa reunión, porque el mismo lo cuenta, (Gal 2. 1-10), parece haberse marchado antes de que se emitiera el famoso decreto con las cuatro cláusulas.
Primero, porque en su Carta a los Corintios, cuando los consultaban sobre cuáles alimentos pueden comerse y cuales no, Pablo no menciona ese decreto oficial, y da su propia opinión sobre el tema (1 Cor 8-10).
Segundo, porque en su Carta a los Gálatas, contestando a algunos que sostenían que para la Iglesia oficial, era obligación circuncidarse, tampoco cita el decreto, que le hubiera servido de excelente argumento para ganar la discusión.
Finalmente, porque el mismo libro de Los Hechos expresa más adelante que cuando Pablo viajó otra vez a Jerusalén, las autoridades le avisaron de la existencia de este decreto, del que pablo no tenía ni idea (Hech 21, 15-24), contradiciéndose con lo que había dicho antes.
O sea que Pablo participó del Concilio de Jerusalén. Pero el nos da una versión ligeramente distinta de los acontecimientos.
En su Carta a los Gálatas dice que asistió movido por una revelación (v. 2); y en Los Hechos, que asistió por una disputa.
En Gálatas afirma que sólo se reunió con los notables (v. 2); y en Los Hechos, con todos los apóstoles y presbíteros.
En Gálatas manifiesta que a exponer su evangelio (v. 2); y en Los Hechos, a discutir las obligaciones que debían observar los paganos convertidos.
En Gálatas dice que no le impusieron nada (v. 6); y en Los Hechos, que le impusieron cuatro cláusulas bastantes duras.
El fin de sus días
El Libro de Los Hechos finaliza de modo abrupto. Indica que Pablo después de realizar varios viajes por el Asia Menor fue apresado y llevado a Roma en año 60; y que allí permaneció dos años en una casa que alquilaba, predicando la Palabra de Dios (28-30). Y así termina.
Pero ¿qué sucedió luego con Pablo? ¿Fue liberado? ¿Lo mataron? Según una antigua tradición, en julio del año 64 el emperador Nerón desató una persecución contra los cristianos de Roma, y entre las victimas que cayeron en esa ocasión estuvo también Pablo.
¿Cómo lo mataron? Al parecer, según esa misma tradición, un verdugo le cortó la cabeza con una espada. Cuenta la leyenda que, al desprenderse del cuerpo, ésta dio tres botes en el suelo, haciendo surgir tres fuentes de agua.
Pablo, el famoso fariseo, el elocuente y entusiasta joven judío al que le esperaba un brillante porvenir como hebreo perseguidor y celoso cumplidor de la ley de Moisés, a esta altura ya lo había perdido todo: sus amigos, su familia, su buen nombre, su futuro, su paz. Sólo le faltaba eso: perder la cabeza. Pero no le importó demasiado. Lo decía en una carta a sus amigos: Pienso que todo es una pérdida frente a la grandeza de poder conocer a Cristo Jesús. Por el Perdí todas las cosas Y todo lo considero una basura con tal de ganarlo a El (Flp 3, 8)
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